En este artículo me gustaría poner, negro sobre blanco, una reflexión que me ha perseguido a lo largo de la semana de vacaciones en la playa. Me gustaría poner en valor, a todas aquellas personas que hacen un esfuerzo constante, en ser positivos. No me creo, ni comparto el dicho que dice que «el pesimista es el optimista bien informado», como tratando por oposición, de llamar a las personas positivas, ingenuos y soñadores, poco apegados a la realidad.
Por poner las cosas en contexto, estar de vacaciones en un sitio espectacular, con playas interminables como las que hay en Huelva, no parece un sitio para pasarlo mal o tener malas sensaciones. El año pasado también pasamos una semana en las playas de Huelva. Lo pasamos genial y siempre nos ha parecido un destino ideal para ir con un bebe.
Este año, por tanto, buscábamos lo mismo que el año pasado. Descanso y desconexión, en un sitio que te ofrece eso. Por ello, a pesar de lo poco amigo que soy de los Resort, elegimos uno para no tener que preocuparnos de nada, ni tan siquiera de buscar un sitio en el que comer. Todo organizado para buscar la perfección y que bebe, disfrutara al máximo también.
Además de disfrutar, también me ha dado por comparar. Y a veces las comparaciones no salen bien. El año pasado, me levantaba temprano o aprovechaba la hora de la siesta para, dar rienda suelta a mi pasión por correr. No todos los días, los que vivimos en Madrid, tenemos la oportunidad de correr en la playa. Playas que si te alejas de la multitud, es como correr en el desierto, con el mar de espectador. Es agotador, pero es espectacular.
Este año, no ha podido ser. Con molestias al caminar, plantearse intentar correr no era una opción. Y claro, ahí surge el bajón, lo que uno quiere hacer y ha hecho a lo largo de los últimos años y la nueva realidad, que no puede. Y no es fácil. Nada fácil cuando ves a gente que sale a correr. Cuando vas al desayuno y te cruzas con los que vuelven de la salida tempranera. Cuando madrugar, me da envidia, es que lo que me pierdo es importante. El diablillo que tenemos todos, no nos deja en paz. Nos quiere recordar lo mal que podemos estar. Todo el mundo tiene una razón para estar mal, por pequeña que sea. Tener constancia de lo que podía hacer y me hacia disfrutar y ahora no puedo es duro. Pongamos, todavía no puedo.
Después de hacer aflorar al pesimista que todos tenemos, incluso los que somos positivos al máximo, hay que reflexionar y hacer el esfuerzo de poner todo en contexto. Hay que valorar mucho al que sabe buscar lo positivo de la situación. Y hay muy pocas cosas en la vida en las que no se encuentre algo positivo. Está claro que si una situación la catalogamos como positiva es porque lo positivo es superior a lo negativo. Del mismo modo, que sí la catalogamos de negativa, es porque lo negativo gana. Pero, una vez en la situación y asumiendo que no conozco a nadie que quiera adentrarse en una situación negativa, solo queda tratar de disfrutar lo que la situación tiene de positiva.
En mi caso, comparando mi mes de agosto 2022 con agosto 2021, la cosa no pintaba del todo bien, pero sí la comparo con diciembre de 2021, que iba sin prótesis, desde luego que luego, la mejora es ostensible. No hubiese podido tomarme la semana de desconexión. En vez de dar campo libre, al diablillo, empece a pensar en lo que sí he podido hacer. He podido ir a la playa con mi mujer y mi hija. He podido estar en la piscina del hotel. He podido nadar y jugar con la niña en el agua. He podido pasear por la orilla. He podido ir en barco y disfrutar de un paseo por la ría. Y he podido tener en brazos a mi querida enana. Han quedado muchas cosas pendientes que espero poder hacer en el verano del 2023, pero por el momento aunque no he podido hacer todo lo que quería, me quedo con lo que sí he podido hacer.
El estado de ánimo es difícil de controlar pero desde luego, buscar lo positivo de las situaciones, creo que es un esfuerzo, que merece la pena. Sin duda, por la felicidad personal del que está sufriendo o viviendo una situación de dificultad y también por el entorno que le rodea que quiere lo mejor para el ser querido y no lo pasa bien cuando le ve sufrir. Dos razones muy poderosas, el que sea egoísta, que lo haga por uno mismo y el que piense más en los demás, que no lo haga por él o ella, que lo haga por su entorno.


Deja un comentario