Entrenamiento en aguas abiertas: retos y logros después de una amputación

Siempre se ha dicho que la mente es la herramienta más poderosa de cualquier deportista. También puede ser un pequeño lastre si los miedos afloran.

No es que en la natación la amputación sea tanto lastre como lo es corriendo o en bicicleta. De hecho, no había pasado ni un mes desde el accidente y ya fui por primera vez a la piscina buscando la normalidad. Fue una forma de reafirmar mi idea de recuperar mi vida. Pero la piscina no es mar abierto.

El año pasado hice una entrada sin prótesis al agua. Nade muy poco. Este año era el año. Todo estaba de cara. Incluso el apoyo incondicional de los socorristas del puesto 9 de la playa de Benalmádena. Joaquín y Daniel. No me han quitado ojo. Eso me ha dado la confianza para sentir que nadaba de verdad en aguas abiertas. Lejos de la orilla. Al borde interior de las boyas que separan el área de baño del área de navegación.

Volver a sentir sensaciones. Volver a buscar orientarte en el mar. Volver a sentir las olas al nadar. Y lo muy positivo. El hecho de poder nadar sin problemas. Comienzo con 1.200 metros el primer día, 1.400 m el segundo y 2.000 m el tercero. Importante llegar a esas distancias porque mi objetivo sigue siendo volver al triatlón y concretamente al Medio Ironman. Y para ello tengo que poder completar 1.800 m. Importante para mí también el hecho de que hubiese podido nadar incluso más metros.

Es increíble como funciona la cabeza. Desde un punto de vista de fondo, hace 2 veranos ya hice 3.000 metros en la piscina del hotel NH Finisterre. Piscina Olímpica de 50 metros de largo. Ahí me probé a mi mismo. Podía volver a estar solo en el agua. Sin embargo, desde ese momento, la falta de entrenamiento de calidad en el agua y el tema de que aguas abiertas es otro mundo me ha frenado. Primero, porque hay que llegar al agua. No soy bueno a la pata coja. Y no me veía arrastrándome como una lagartija por la arena. Siempre hay que intentarlo, porque los problemas se resuelven afrontándolos. No soy miedolo y me encantan los retos, pero si que creo que aunque he superado bastante bien el accidente desde un punto mental, si que hay un poso de miedo que antes no había aflorado. Aguas abiertas tiene su punto. En medio del mar o un lago, a varios metros de la costa, no hay nada a lo que agarrarse para descansar o para tomar aire. Sin embargo, he hecho muchos metros en aguas abiertas y si hay un medio en el que me puede afectar menos la amputación es el agua.

Me vuelvo de Málaga, de Benalmadena, habiendo conocido gente impresionante, los socorristas que no me quitaron ojo y que me apoyaron, y me vengo de Málaga con buenas sensaciones. El triatlón siento que está cada vez más cerca. Concretamente de la temporada 2025/2026 no puede pasar.

Además de las buenas sensaciones se estoy corroborando algo que vengo sintiendo en la piscina. Me cuesta menos estar dentro del agua, desde el punto de vista mental. Entrenar en piscina es complicado porque puede resultar aburrido. De los tres deportes es el que peor llevo, de siempre. Pero este año, en vez de hacer un esfuerzo titánico para completar metros en la piscina, siento que no me está constando tanto. Que estoy disfrutando. Eso me está dando mucha moral porque con metros de entrenamiento llegan el fondo dentro del agua. No necesito el fondo para un Ironman, pero no me niego a ir sobrado en el agua (si puedo) porque se que me vendrá bien para cualquier triatlón que afronte en el futuro.

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