Uno de los grandes retos que se plantea cualquiera que quiera hacer deporte de forma recurrente, es mantener la motivación. Cuando empece a correr, con el único objetivo de bajar de peso, uno de los mejores consejos que recibí fue el siguiente: apúntate a pruebas deportivas, a carreras porque sino dejarás de correr.
El deporte salud es hacer deporte para disfrutar. Lo que pasa es que hay días que no se disfruta mucho. Las razones suelen ser varias. Una muy utilizada es que no nos sentimos bien, otra puede ser que hace mal tiempo, la falta de tiempo, etc. Sin embargo, la principal siempre es la pereza. Casi siempre gana la partida. Yo suelo decir, que cuando hablamos de entrenar, hay que poner las cosas muy fáciles. Lo fácil no consigue que lleguemos a una buena rutina, lo muy fácil si.
Dejamos de hacer deporte de forma recurrente y empezar otra vez se hace difícil. Vivimos en lo que podemos llamar, las agujetas continuas. Hago deporte, tengo agujetas, dejo de hacer deporte y cuando vuelvo a hacerlo, vuelvo a tener agujetas. No muy motivador. Este circulo vicioso se rompe, cuando ponemos en nuestras vidas un reto. Un reto personal. Cada uno el suyo. Terminar una distancia por primera vez. Mejorar nuestros registros. Hacer una prueba en menos de un tiempo que nos marcamos. ¡El que sea! Eso sí, lo suficientemente motivante para tenernos haciendo deporte de forma constante. Eso mejorará nuestra condición física y nos preparara mejor para disfrutar del deporte. Entramos en el circulo virtuoso. Sin pasarse, sin obsesiones. Nos preparará también para tener menos riesgo de sufrir lesiones. No hay nada peor que tratar de hacer en un día lo que no se ha hecho en una semana.
Esta introducción viene a cuento porque a pesar de mis años en el deporte, mi experiencia, un recorrido que va desde sufrir para completar una prueba de 10km hasta terminar un Ironman, el accidente me ha puesto en la casilla de salida. Esa casilla de salida que inicie hace más de 15 años.
En estos momentos, me cuesta encontrar la motivación para hacer algo. Puedo darme muchas razones. No es que esté en unas condiciones óptimas. Sin embargo, no hay que tirar balones fuera. Después del accidente, trate de volver a la dinámica del deporte enseguida. Fui a la piscina incluso en silla de ruedas y enganche un mes de buena constancia con varios entrenamientos a la semana, ya con la prótesis. Me subí a la bicicleta estática en la rehabilitación en cuanto pude y a mi rodillo, mi querido rodillo, en cuanto la prótesis se redujo lo suficiente para poder hacer el movimiento completo sin que me tropezase de forma exagerada la prótesis con la parte de atrás de la rodilla.
Estaba motivado y con ganas de no dejar pasar más tiempo sin acercarme a un estado físico en el que me reconozco. Y en ese momento, otro paro, primero psicológico, luego físico. La muñeca por las molestias no me permitía hacer mucha fuerza con la mano derecha. Pasan los meses y las molestias no remiten. Una resonancia, dio con la razón de que mis molestias en la muñeca no se fuesen tras varios meses transcurridos desde el accidente: escafoides roto. Había que operar.
No voy a negar que lo que más me disgustó no fue la operación a la que me tenía que enfrentar. Nunca gusta pasar por quirófano. Toda una vida evitándolos y ahora parece que no salgo de ellos. Lo peor es que durante unos meses, no iba a poder hacer nada. Así que paciencia y a esperar. Lo que pasa es que el tiempo sin deporte significa seguir bajando la forma física y aunque extrañe, la forma mental. El deporte te mejora mucho la fortaleza y agilidad mental.
En esto, como siempre uno hecha balones fuera y excusas para que la pereza gane. Esta semana me he dado cuenta que la imaginación es una de nuestras grandes amigas. Me he acordado de la época de confinamiento y me he acordado de los entrenamiento de cuestas, que no es otra cosa que un ejercicio de fuerza. Así que esta semana como que no quiere la cosa he decidido ponerme a subir y bajar escaleras.
El primer día, las subía caminando ágil y las bajaba en ascensor. Al final, con el tráfico del vecindario, demasiado tiempo en el descansillo esperando. Así que antes de ayer, decidí subir ágil y bajarlas despacio. Simulando los ejercicios de cuestas, cuando uno sube a todo lo que puede poniendo el corazón a mil de pulsaciones y bajando a trote para bajarlas. Como me he acordado de los entrenamientos vividos en las cuestas del barrio. Ayer, me levanté con agujetas. ¡Que sensación!. ¡Son molestas!. ¿Por qué me alegro? Cuando llevas 6 meses sin acercarte a sentir algo parecido, recordar un buen entrenamiento motiva. Ayer, volví a repetir el entrenamiento y hoy no me puedo casi, ni moverme y mi caminar, tipo pato, en este caso, no ha sido por la prótesis.
Está claro que las agujetas en el cuadricep y gemelo no es por subir, es por retener en la bajada. Eso ya lo he experimentado en los trail. Nada que ver a correr en plano. Subidas y bajadas, te provocan unas agujetas terribles. Está claro que lo que no se entrena, no prepara el músculo y cualquier ejercicio nuevo provoca agujetas. En mi caso, la falta de ejercicio, en estos dos últimos meses desde que se descubrió la fractura me han asegurado unas buenas agujetas.
Otra cosa curiosa, ha sido experimentar unas agujetas fuertes en ambos cuadricep y en los gemelos de la pierna derecha. La prótesis no genera agujetas. Un poco de humor negro, pero para mí ha sido una curiosidad.
Y ayer, en mi tercer día en las escaleras, que no lo logré ni en el confinamiento, llegue a ese punto en el que te pones a pensar. La misma sensación que cuando estoy nadando en la piscina mirando al suelo. Mi momento de «mindfulness». Y en ese subir y bajar, surgió la necesidad de buscar algún reto en el entrenamiento de escaleras porque no puede haber nada más aburrido.
El primer día subí 50 pisos. El segundo día 60 y ayer 72 pisos. Voy mejorando. Pero sigue siendo aburrido. Y me acordé del edificio más alto del mundo, edificio que visité en su día. El Burj Khalifa. Tiene 163 pisos. Me acorde del edificio más alto porque seria un bonito reto. Entrenar subiendo escaleras para poder lograr hacer una distancia equivalente a subir el Burj Khalifa. Un reto que me puede mantener motivado.
No es que pretenda ser bueno subiendo escaleras. Subir escaleras va a ser aburrido siempre. El objetivo es ir subiendo desde las catacumbas de la forma física en la que me encuentro para alcanzar un nivel, poco a poco, aceptable. Quiero ir viéndome mejor y con motivación para llegar a estar fuerte. Estar fuerte me da más posibilidades de compensar la pérdida del pie. Estar fuerte me da más vida y energía, como he dicho, física y mental. Si por el camino, manejo mejor la prótesis, eso que me llevo. Al final, subir y bajar escaleras con prótesis es algo nuevo para mi. Una nueva primera vez. Una nueva realidad.
Veo que cada día sin hacer algo es un día que me aleja más de un estado de forma óptimo así que tengo que parar el dejarme llevar e ir poco a poco buscando esa dinámica de mejora que obviamente he perdido. Como cuesta recuperar las buenas dinámicas y que fácil caemos en las malas.


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